Un lugar que se siente como casa

Escrito por Brianna Madia

La base del campamento, la base de la aventura. El término mismo implica que mientras estemos de aventura debemos tener, siempre, un lugar al cual regresar, un "Basecamp". Un lugar que se sienta como estar casa.

Para mi esposo Keith y para mi, así como para nuestros dos perros, Bucket y Dagwood, "casa" es un lugar que cambia continuamente de lugar.

En el transcurso de los últimos años, los cuatro vivimos en un velero de 33 pies en un pequeño puerto, al cual llevamos las pocas pertenencias que teníamos en un estudio de 37 metros cuadrados, para finalmente mudarnos a vivir a una gran furgoneta anaranjada Ford E350, de modo que, técnicamente, nunca tenemos que regresar a casa otra vez.

Nuestro estilo de vida es un concepto divertido de explicar en un mundo lleno de préstamos hipotecarios y rejas que protegen los jardines y buzones con direcciones muy  bien cuidadas. Para la mayoría, el hogar tiene cuatro paredes, no cuatro ruedas. Es un lugar firme en el cual cuelgas tu sombrero y plantas firmemente tus pies. Entonces, ¿cómo se puede describir que para nosotros, el hogar no está en ninguna parte y en todas partes a la vez?

Supongo que podríamos comenzar explicando que teníamos el viejo velero que se balanceaba de cierta manera cuando la marea cambiaba. El distintivo graznido de una gaviota por las mañanas nos despertaba mientras flotaba en el aire denso y salado del verano. El viejo y fiel sonido de las patas de Bucket sobre la madera deformada por el agua del muelle y el alboroto frenético de las alas de un ganso. Veíamos olas que se formaban por el paso de un pequeño barco remolcador de un marinero y se escuchaba el sonido de la sirena y el sonido suave y firme de las velas contra el mástil. Y eso era nuestro hogar.

Y entonces la puesta de sol de alguna manera se colaba por la gran ventana a la bahía de nuestro pequeño cuarto. El salvaje y alegre saludo de dos perros que te hacen creer que has estado fuera durante tres años en vez de tres horas. Eso fue siempre nuestro hogar: había el abrazo prolongado de un ser querido, ya sabes, del tipo de abrazos que se dan después de un largo día en el que te demoras en la puerta e inundas tu rostro en el olor familiar de las personas que amas. Sí, eso era estar en casa.

Y ahora, escucho el sonido que hacen esos grandes neumáticos de 35 pulgadas mientras agarran el pavimento caliente de una carretera desértica decolorada por el sol. Hay ciertos caminos que podría conducir con mis ojos cerrados porque mi alma lee las rocas y los surcos como si estuvieran escritos en braile. Yo reconocería la forma en que la luz golpea la piedra arenisca en cualquier lugar. Hay un perfume de artemisa y enebro que es transportado a través de la arena caliente y roja y puedo sentirlo penetrar mi piel. Y eso es mi hogar.

Donde sea que el camino de tierra se curve, donde quiera que el sol se oculte, donde sea que haya arena debajo de los pies desnudos o rocas lisas del río debajo de las patas del perro, o donde se escuche la llamada larga y sagrada del viento contra las paredes del cañón o el tocar de las cuerdas de la guitarra de Keith y donde se pueda reposar suavemente sobre el pecho dormido de un perro. Ese es nuestro hogar.

Y ya lo puedes ver, estamos en nuestro hogar y siempre hemos estado en nuestro hogar.

Aprende más acerca de estos aventureros embajadores de Ruffwear® y sigue todas las aventuras de Brianna, Keith, Dagwood y Bucket en Instagram: @briannamadia.



10 septiembre, 2017 por Ruffwear Mexico

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